viernes, 28 de diciembre de 2012

Día 7. El primer vídeo

Este es el primer vídeo que hice de Cris. Lo grabé el 7º día que estaba conmigo (16 de abril de 2012) y aún no tenía ni idea de lo que tenía entre manos, de si sería capaz de sacarlo adelante y encontrarle una familia adoptiva. Pero Cris, el gato más noble con el que me he encontrado hasta la fecha, puso mucho de su parte y me ayudo a que lo cuidara casi como un bebé, así que se puede decir que está vivo gracias a su fuerza y a su buen talante gatuno.
Antes de que veáis el vídeo, quiero que sepáis que las imágenes muestran a Cris, justo despues de una de las curas, y se le ven las heridas (bastante importantes, por cierto), pudiendo resultaros duras de ver; aunque, tampoco es cuestión de asustaros, porque aquí no vais a ver más de lo que ya habéis visto antes en fotos (en el post del  día en cuestión).

video

domingo, 23 de diciembre de 2012

Día 108. Descubriendo

Como buen gato, y joven cachorro, no para de descubrir y allí donde ve un hueco va y se mete del tirón. Me acompaña a todos lados, es como una especie de gato-perro. Fue abrir el lavavajillas y allí estaba el muchacho metido para olisquear, cotillear y bichear todos los recovecos.


Azul y Verde duermen en el trastero que es donde ellos tienen todos sus bártulos (camas, comederos y cajón de arena). Allí es donde les pongo, de vez en cuando, algo de comida fresca de lata para compensar un poco el pienso seco y darles una pequeña alegría. Verde sigue marcando su terreno y, casi siempre, termina comiendo ella primero y luego, cuando ya se ha retirado,se acerca a terminar Cris. Son las cosas de los animales y, en este caso, la experiencia es un grado.


En el jardín le gusta tumbarse a descansar en cualquier rincón y si está un poco elevado pues mejor que mejor, como hace un buen gato. En uno de sus reposos se me ocurrió dejarle al lado el móvil y hacerle alguna foto. En ésta parece que esté esperando alguna llamada o escuchando, un tanto aburrido, la conversación al otro lado de la línea ¿con quién estará hablando?


Lo dicho, que no pueden evitardejar de ser gatos y la curiosidad es lo que tiene. Ahí tenéis al bueno de Cris, buscando un hueco por donde escapar a través de la puerta de la cocina, lo que se dice, un auténtico ninja felino.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Día 105. Reconocimiento.


Después de la siesta, he sacado a Cris de su chiringuito y lo he soltado en las escaleras de mi casa. Sorprendido por la novedad, no dejaba de mirar a todos lados y, entre vistazo y vistazo, se lamía de forma compulsiva, mientras yo, cámara en mano, no dejaba de tomar instantáneas. Después de la improvisada sesión fotográfica, me encerré en el estudio para tocar un rato y lo dejé a sus anchas para que se fuera familiarizando con escaleras y pasillos; eso sí, habiendo tomado antes las oportunas precauciones (habitaciones cerradas, retirada de objetos susceptibles de ser arañados o usados como cama, etc). Al cabo de un buen rato abrí la puerta de la habitación, pensando que estaría esperándome fuera pero no fue así. Lo llamé y me contestó (bueno, básicamente maulló cuando me sintió hablando). Esperé un minuto por si subía pero nada de nada, entonces fui en su búsqueda, un tanto inquieto porque, ciertamente, me extrañó que no hubiera subido. Llegué hasta la planta baja y allí estaba, tumbado en la esterilla de la entrada, una que está dentro de la casa, mirándome mientras maullaba. Supongo que él huele que la salida a la calle está allí y su instinto lo lleva hacia abajo sin problema pero lo que es subir las escaleras parece que no lo controla o tal vez no le apetezca, si es que lo asocia a estar encerrado en la azotea, algo que espero dejar de hacerlo pronto, será señal de que Verde y Cris se entienden.

sábado, 6 de octubre de 2012

Día 104. 2ª parte: Más libre, aún.


Por la tarde, ya con la fresquita, he vuelto a la labor de mediación gatuna entre Verde y Cris. He sacado a Cris de su guarida y lo he bajado al salón donde estaba Verde. Me he acercado a ella con Cris en mis brazos y, ¿cómo no?, la respuesta ha sido la misma, bufido, seguido de gruñido y vuelta al bufido. La verdad es que la cosa podía haber sido peor, pero Cris es tan tranquilo que se comportaba como un auténtico pasota frente a la actitud agresiva de Verde. De cualquier forma, quiero pensar que este comportamiento de Verde se debe más al miedo a lo desconocido que a sentirse amenzada/atacada. Para no forzar la situación, he sacado a Cris de la habitación después de haberlo dejado por allí olisqueando un rato y de que intentara, en más de dos ocasiones, afilarse las uñas en los sofás (para ellos es una tentación irreprimible cuando se topan con algo donde puedan enganchar, con firmeza, sus afiladas uñas).
De vuelta al jardín, y seguido atentamente por Verde que estaba tumbada en el pollete de la ventana del salón, Cris ha sido curioseando cada rincón y probando todas las variedades de hierbas que le resultaban atractivas. En todo momento he estado pendiente de él porque, la verdad, no me fío de que intente escaparse y vuelva a caer en las garras de otro perro peleón. Al menos, ahora al principio, he de tener cuidado y, bueno, más adelante ya veremos.

Día 104. 1ª parte: ¡¡¡Libreeeee!!!

Hoy es un día grande para todos los gatos del mundo, en especial para Cris porque hoy, esta misma mañana, Cris ha salido por primera vez de su “cautiverio” y se ha paseado curioso por el jardín. Cámara en mano, lo he seguido todo el rato y, si mal no recuerdo, le he hecho, además de varias fotos, algún que otro vídeo. Aparte de ir por cada rincón oliéndolo todo con su media nariz, ha ido probando todos las hierbas que se ha encontrado a su paso; supongo que tanto tiempo si purgarse, de forma natural, le estaban pidiendo ya algo de verdes brotes frescos. Mientras tanto, desde la ventana del trastero, Verde (mi gata de once años) observaba al “intruso” con cierto recelo. He colocado un taburete delante de ella, en el exterior de la habitación y he subido allí a Cris, para que empezaran a conocerse. La respuesta de Verde ha sido clara; con un bufido, seguido de un gruñido de león, le he dado al bueno de Cris la más sincera de las “bienvenidas”. Después de esos minutos de esparcimiento, lo he subido a la azotea para dejarlo en su chiringuito y permitir a Verde salir a tumbarse a la sombra, tranquila y sin tensiones.

lunes, 27 de agosto de 2012

Día 103. Vacunas

Como ayer la consulta de la SPAPS estaba abarrotada de gente esperando para ser atendidos por el veterinario, decidí llevar a Cris para vacunarlo de la rabia hoy sábado por la mañana y así aprovechar el viaje para ponerle la vacuna pentavalente a Verde (mi gata). A media mañana tiramos para la consulta que la SPAPS tiene en Camas, un pueblecito cercano a Sevilla y a mi casa. Cada uno de los gatos en su respectivo transportín y los dos juntitos al coche, suerte que me echaba una mano mi hermano. La sala de espera estaba vacía y tuvimos que esperar muy poco, tiempo suficiente para disfrutar de las correterías de tres pequeñas perritas que, en espera de ser adoptadas, jugueteaban por allí mientras una de las veterinarias les preparaba el almuerzo. Pasamos a la consulta y nos atendió la amable veterinaria (N.), muy cariñosa y sensible con los animales. En primer lugar pesó a Verde y luego le puso la vacuna pentavalente. Se maravilló de lo buena que era. Es cierto, Verde es muy mansa, aunque un poco asustadiza. Creo que ese miedo lo viene arrastrando de una vez que, siendo cachorro, se escapó y fue a dar con un perro que la acorraló durante horas. La encontramos bajo un coche, toda mojada porque había estado lloviendo, y en estado de shock, o algo así. Bueno, después de atender a Verde, N. estuvo examinando a Cris y decidió postponer la vacuna de la rabia porque no había sido desparasitado aún y, claro, se le podía la vacuna en ese estado pues podría no hacerle efecto, así que lo desparasitó con la ayuda de una jeringa que contenía una especie de pasta blanca (como la pasta dentrífica). Se la puso en la boca y le administró la dosis oportuna. De allí a casa y, aunque la veterinaria ya me había dado el visto bueno para presentarle Cris a Verde, cada uno de ellos volvió a su respectivos espacios vitales porque ya me parecían demasiadas emociones para la buena de Verde.

Día 101. Sin puntos

Con la que estaba cayendo, un calor de los que hacen historia, hemos cogido a Cris, mi hermano y yo, y nos hemos encaminado hacia la clínica veterinaria. En esta ocasión no se ha hecho caca en el transportín, como ya viene siendo habitual en este trayecto, pero no ha dejado de maullar hasta llegar allí. La sala de espera estaba más abarrotada que nunca, suerte que nuestra visita era para ver al cirujano y la mayoría de los que allí estaban esperaban para consulta ordinaria. Nos tocó el turno y pasamos al quirófano 2. Allí, el cirujano estuvo mirando la herida y, bueno, creo que con cierta resignación ya que la nariz no ha quedado como nos hubiera gustado, se decidió a quitarle el único punto que le quedaba, mientras que yo sujetaba a Cris. Me dijo que lo curara con betadine y que nos veríamos en octubre, que ya podía vacunarlo de la rabia y, bueno, pues que le parecía un gato muy bueno. Es así, es un gato bueno y yo cada vez le tengo más cariño ¿para qué negarlo?.

domingo, 26 de agosto de 2012

Día 98. A pesar de todo, el instinto.

Siempre me ha sorprendido la facilidad que tienen los gatos de adaptarse a cualquier situación. Al principio parecen un tanto desorientados pero disimulan su desconcierto examinando cada rincón de su nuevo entorno, haciendo gala de su innata curiosidad. Igualmente me resulta increíble como desde bien pequeños son capaces de utilizar el cajón de la arena para hacer sus necesidades. Cris, a pesar del collar isabelino, utiliza su “inodoro” con total normalidad y, cuando termina, se vuelve sobre lo que ha hecho, lo huele, y lo tapa con arena hasta que no deja rastro alguno. Este autocontrol gatuno  es una más entre las virtudes que hacen del gato un estupendo animal de compañía, incluso para convivir con él en un piso.


miércoles, 8 de agosto de 2012

Día 95. Limpieza compulsiva.

Esta mañana, antes de ir a trabajar, le he puesto de comer al tigre y he tenido que estar pendiente de él todo el rato porque no se centraba en la comida y lo único que hacía era lavarse de forma compulsiva. Supongo que al sentirse liberado del collar isabelino no podía evitar la tentación tan felina de lamerse. Bueno, al final he conseguido que se comiera todo lo que le he puesto.

Día 94. Viaje en balde.

De vuelta a casa, cuando he ido a preparar a Cris para llevarlo al veterinario, me he encontrado el grifo del bidé abierto. A saber cuando lo abrió, espero que no haya sido demasiado temprano, me tiemblan las piernas pensando en la factura del agua que me puede venir este mes. Hoy tocaba visita al veterinario para quitarle los puntos, bueno, el punto, porque sólo le queda uno, precisamente el que está en la zona que menos falta le hacía. Lo he metido en el transportín pero antes le he dado algo de agua con la jeringa grande ya que, al tener el collar isabelino, no puede beber del cacharro con agua que le tengo puesto en el baño.
Desde que hemos salido de casa no ha parado de llorar y, como ya es habitual en estos pequeños viajes, a los pocos minutos de salir, se ha hecho caca en el transportín. He tenido que parar, limpiarle la arena, una pata y el borde del collarín; suerte que llevaba una servilleta y he podido salvar la situación, in extremis. La espera en la consulta ha sido corta. Los dos cirujanos han visto a Cris y no se han extrañado de que se hubiera soltado los puntos. Me han dicho que me olvidara ya de la cura del escroto, que no le pusiera más pomada cicatrizante. Respecto a la operación de la nariz, han postpuesto la retirada del punto a la semana que viene y me han dicho que le siga poniendo el colirio en la herida.
Ya en casa, le he puesto algo de comer y después lo he subido a la azotea, hasta la noche. Ya tarde, lo he vuelto a bajar y le dado la cena.


Días 89 al 93. Doble curación.

Ahora vuelve a llevar puesto el collar isabelino, toda una lata porque así no puede comer las croquetas secas y he de ponerle comida fresca en cada una de las tres tomas diarias, que es cuando se lo quito. Os preguntaréis por qué no le pongo las croquetas entonces, pues porque me conviene que se coma la comida con cierta rapidez ya que tengo que estar pendiente de él para que no se toque los puntos o se intente lamer las heridas. La cura de las heridas se la suelo hacer por la noche porque es cuando estoy más tranquilo y no tengo prisa alguna.
El cirujano le puso cuatro puntos en la herida de la nariz y han ido cayéndose, desgarrándose, ... hasta que se ha quedado sólo con uno, el que menos importancia tenía. En cierto modo, para mi ha sido un alivio porque la verdad es que, a pesar de habérselo propuesto al veterinario, no me terminaba de convencer la solución que le había dado al problema ya que la trufa (esa parte carnosa que tiene en el hocico) se le había quedado muy torcida e incluso hacía que el único orificio bueno quedara más cerrado que antes de la operación.


Día 88. Espabilado.

Esta mañana ya estaba como si no le hubiera pasado nada. Cris es un superviviente, todo un gato de acero a pesar de su apariencia de “lindo gatito”. Dados los últimos acontecimientos, es decir, la muerte de Azul, una de mis dos gatas, y el hecho de que la adopción de Cris no termina de cuajar, por decir algo, creo que la posibilidad de que me lo quede empieza a coger fuerza. Por supuesto, dependo de la aceptación de Cris por parte de Verde, mi otra gata que, con 11 años, no se si estará por la labor de admitir en su entorno a un joven y atractivo macho peludo. Por si acaso y en previsión del futuro encuentro, he llevado a Verde a vacunar. La pobre, que no disfruta nada de los viajes en coche, se ha pasado todo el trayecto llorando. En la sala de espera ha estado muy callada, observando desde su transportín a dos perros que no paraban de ladrar y que eran tratados por su dueña como si de bebés se tratara. La veterinaria ha pesado a Verde y le ha puesto la vacuna contra la rabia, citándome para ponerle el resto de vacunas después de 21 días; un rollo, porque esto significa que no podré presentarlos hasta entonces. Me ha dicho que le diera una pastilla para los parásitos internos y que estuviera pendiente de la gata en los próximas 3 horas por si se le producía una reacción alérgica y se hinchaba (entonces tendría que llevarla a urgencias). Después de lo de Azul, esto me ha preocupado pero bueno, he esperado el tiempo indicado y no ha pasado nada con la gata, todo ha ido de fábula. Mejor así.

Día 87. El día después.

El antibiótico hay que dárselo cada 12 horas y el anti-inflamatorio cada 24, así que esta mañana le dado la segunda pastillita rosa, disuelta en agua, o sea, el antibiótico. Luego le he puesto de comida de lata y, mientras se la comía, he aprovechado para darme una ducha. Le he puesto el collar isabelino y me he ido al trabajo. Por la tarde, ya con la fresquita, lo he subido un buen rato a la azotea hasta la hora de cenar, cuando lo he bajado para curarlo y darle de comer. En esta ocasión, le he dado antibiótico y anti-inflamatorio y he descubierto la segunda herida en el escroto, la que ayer no vi. Así que, bueno, pues ya le he puesto pomada en las dos, para que cicatricen en condiciones. Le he limpiado los puntos de la nariz con agua esterilizada y luego le he puesto colirio ahí y en el ojo derecho, un poco lloroso.

domingo, 29 de julio de 2012

Día 86. 3ª parte. Despertando.

... claro, tuve que estar controlándolo, con la mano dentro del transportín, mientras que pagaba la operación y las medicinas. Una vez en el coche, le puse el collar isabelino que me había traído en previsión de un despertar prematuro. De camino a casa también maulló y sacó las patas a través de la puerta del transportín. Al llegar a casa, lo dejé en mi cuarto de baño. Ya, en torno a las 20:00, lo curé y le di el antibiótico y el anti-inflamatorio (ambos por vía oral, con jeringuilla). La cura consistió en limpiarle el escroto con agua oxigenada y aplicarle pomada cicatrizante en las heridas. Respecto a la de la nariz, no se la limpié, para evitar desmontar lo poco que hubiera podido unirse la zona, y sólo le puse el colirio, para evitar infecciones.


Le di agua con la jeringa grande y después, como ya estaba muy despierto, le puse media lata de comida para perros, de esa que lo vuelve loco (espero que, a la larga, no se me convierta en perro). Se la zampó sin contemplación alguna; normal, un día entero sin ayuna es para comerse un buey en lonchas.

Día 86. 2ª parte. Misión cumplida.

... me dieron a firmar la aceptación de riesgos con respecto a la anestesia. Me estuvieron explicando como le coserían la nariz y yo les pregunté si podrían arreglarle por la parte de arriba de la misma, entonces me dijeron que habría que ver como quedaba la cosa después de esta primera operación. Les confirmé que lo castraran también y ellos me dijeron que en unos 20 minutos estaría listo todo, que esperara fuera. Cogí una revista del coche y me senté a esperar. En la sala de espera conocí a una pareja que había llevado a uno de sus gato para que lo curaran de una infección de orina. Me contaron que tenían dos gatos (machos) castrados, en un piso, y que tenían que dosificarles la comida porque son auténticos devoradores de alimento y que uno de ellos es capaz de abrir armarios con cerrojo, en busca de comida ¡¡tremendo!! Me estaba imaginando a Cris, ya castrado, con un fonendoscopio en las orejas, intentando abrir la caja fuerte de la Reserva Federal de Noruega para conseguir zamparse los mejores salmones del mundo mundial.


Salió uno de los cirujanos para visarme de que Cris ya estaba listo. Allí estaba, tumbado en la pequeña cabina de recuperación, aún aturdido pero con los ojos azules bien abiertos. Le habían puesto 4 puntos en la nariz y me enseñaron que aún le quedaba un orificio para respirar en la nariz, a parte del otro, claro. Sorprendido al verle el escroto, les pregunté porque yo pensaba que lo habría perdido por completo y bueno, me enseñaron las evidencias, ya que el escroto se mantiene pero se extrae el interior. Bueno, me estuvieron explicando que cuidados le tocaban ahora y me dieron la receta, para comprar los medicamentos en el mostrador de la clínica. Cris, que se espabilaba por segundos, empezó a tocarse la herida de la nariz y ...

Día 86. 1ª parte. Operación completa.

La mañana no se presenta calurosa, no obstante, he dejado a Cris en mi cuarto de baño, sólo con el cajón de arena porque el veterinario me pidió que le quitara la comida desde la noche anterior y el agua desde por la mañana de hoy, dado que lo operan esta tarde de la nariz. En la misma intervención, y si todo va según lo previsto, aprovecharán para castrarlo.


La cita era a las 18:00, así que, como me daba tiempo, en un principio pensé llevarme también a Verde para vacunarla y así podérsela presentar al bueno de Cris, a ver que tal se llevan. Después lo pensé mejor, sería un lío manejar a los dos gatos, uno de ellos recién operado. Cogí a Cris, lo metí en el transportín. Antes de salir de casa, lo dejé por un momento en el suelo y Verde lo vio, se quedó un poco extrañada, se acercó un poco pero, de momento, no se atrevió a intimar más. Tiramos para la clínica, Cris no dejó de maullar de forma insistente y, de repente, empezó a escarbar en la arena que le había puesto en el transportín, acto seguido me vino el lógico tufillo post-caca. Como en otra ocasión anterior, tuve que hacer una parada técnica en el pueblo cercano de Camas. Saqué el transportín del coche y procedí a la operación de eliminación de residuos pestosos e indeseados, para seguir con el viaje. La consulta estaba a rebosar, cuando llegué. Menos mal que no hacía demasiado calor en la calle y, bueno, la sala de espera está bien refrigerada. Di mis datos en el mostrador y esperé mi turno. Al rato, en torno a las 18:30, salió a llamarnos el Cirujano. En el quirófano esperaba el segundo cirujano, ...

sábado, 28 de julio de 2012

Días 76 al 85. Cuando Verde conoció a Cris.


Creo que Verde ha sentido la falta de Azul, la noto perdida y triste. Azul era la que llevaba la voz cantante y, claro está, después de convivir durante once años pues ya estaban bastante compenetradas. Para amortiguar la ausencia de Azul, estoy dándole más libertades a Verde, la estoy dejando entrar en habitaciones donde nunca lo había hecho o al menos no sin estar yo presente, también le estoy dando más cariño, cogiéndola más en brazos y cepillándola con más frecuencia. Uno de estos días se asomó a la puerta de la azotea y estuvo contemplando un buen rato a Cris, que estaba en su apartamento con vistas. Curiosa e intrigada, también estuvo oliendo las esquinas por las que se roza Cris cuando baja de la azotea al baño.
Aprovechando que iba a pasar unos días fuera, he trasladado a Cris a mi cuarto de baño, ya que tiene ventana y no le faltará la luz ni la oportuna aireación. Un familiar se ha encargado de echarles un vistazo de vez en cuando a las fieras que se han portado como lo que son, dos buenos gatos, mansos y tranquilos.

lunes, 16 de julio de 2012

Día 75. Azul oscuro.

De madrugada, en torno a las 5:00 am, me levanté para darle algo de agua y se me murió. Parecía como si me hubiera estado esperando para que la acompañara en ese momento. Como en el anterior post, no entraré ahora tampoco en más detalles porque todo fue muy triste y, la verdad, no viene al caso. Después de extraerle sangre, en la SPAPS, para comprobar la existencia de una posible intoxicación, la enterré en un bonito lugar, un sitio cerca casa, en plena naturaleza, y planté un pequeño árbol junto a ella, para recordarla cada vez que pase por allí, aunque no haga falta esto porque, la verdad, una gata como ella cuesta olvidarla.
El día ha sido bastante triste y las palabras de ánimo de familia y amigos me han ayudado bastante, aunque cada vez que veía a Verde, ahora ya sola, se me encogía el alma. Se que todo esto os puede resultar un tanto dramático y algunos podréis pensar que tan sólo se trataba de un animal pero, bueno, para mi no era así, a pesar de tener siempre muy claro que era un gata. Después de once años y muchas historias, seguía siendo una gata pero una gata muy especial y querida por mi. Algunos de los que me dieron ánimos me apuntaron la idea de que tal vez el destino había cruzado a Cris en mi camino por esto, para que me quedara con él y, bueno, es algo que tendría que pensar, pero no ahora.

Día 74. Azul.

Esta tarde, al llegar a casa, lo primero que he hecho ha sido abrir la ventana del trastero para que Azul y Verde, mis dos gatas, salieran al jardín, pero la única que ha salido ha sido Verde. Extrañado, he entrado en el trastero y me he encontrado a Azul acostada dentro del cajón de papeles para reciclar. No se ha levantado, cosa extrañísima, y he podido comprobar como tenía los ojos tristes y vidriosos. Todo esto me ha recordado lo que le pasó el año pasado, allá por agosto, cuando aparentemente se envenenó con algo que pudo comer en la calle. Me he puesto las pilas y la he instalado en la cocina, con su cuna, comida, agua, etc. Rápidamente le he dado de beber con la jeringa, luego le he dado potito de bebé y después un reconstituyente energizante para mascotas (todo esto tal y como lo hice el verano pasado para sacarla adelante, ya que los síntomas eran los mismos). Después fui a comprar un cajón de arena para ponérselo a ella sóla en la cocina y a por más energizante a la consulta del veterinario (en la SPAPS). De camino me pasé por el cuartel de la Guardia Civil y denuncié, aunque sin pruebas, la situación ya que estaba seguro de lo extraño del caso y porque pensaba que podía tratarse de un envenenamiento provocado por algún vecino descontento con las camadas de gatos que pululan por la urbanización. De vuelta a casa, le puse el cajón de arena y le di un poco más de agua. A lo largo de la tarde fue empeorando, entonces me acerqué a la farmacia de guardia, en busca de carbón activado. Allí, el farmacéutico me dijo que a estas alturas era tarde para darle el carbón activado. En fín, volví a casa y allí estaba la gatita, un poco peor pero yo seguía pensando que saldría adelante como había pasado el año anterior. Al día siguiente la llevaría al veterinario, por la mañana, si es que no notaba algo de mejoría.
Al margen de toda esta movida, Cris sigue bien. Compartiendo sus días, entre baño y azotea.

Día 73. Habituado.

Aunque llora un poco cada vez que lo dejo arriba, en la azotea, luego se tranquiliza, se sube al taburete y descansa un buen rato. Ya le ha cogido el tranquillo a su ático particular y, muchas de las veces que lo dejo allí, lo primero que hace es irse al cajón de la arena y hacer caca. Es sorprendente el hecho de que utilice el cajón desde el primer día, sin adiestramiento alguno. Este detalle, aparentemente pequeño, es una de las principales ventajas que tienen los gatos a su favor frente a los perros, a los que debes sacar a la calle para que hagan sus necesidades, al menos tres veces al día.
Ahora Cris está más limpio. Supongo que se debe a que está más a gusto, más recuperado de todo y eso le da más ganas de asearse, a parte de que de vez en cuando le pego un manguerazo de agua fresca y eso lo obliga a lamerse y secarse. Pobrecillo, cada vez que lo riego, corre de un lado para otro, dentro de su guarida, porque no le gusta nada el agua, y termina dando un buen salto para subirse a su taburete, en el que se siente seguro y a resguardo.

martes, 3 de julio de 2012

Día 72. 2ª parte: De paseo por las alturas.

... lo saqué a la azotea y estuvimos un buen rato jugando por allí. Lo puse varias veces en el borde que da al tejado pero no se sentía seguro y se bajaba. En todo momento tenía que estar pendiente de él porque lo notaba inseguro (es normal, después de tantísimo tiempo sin “gamberrear” por ahí) y no me fiaba, pensando que pudiera resbalarse por el tejado y ... ¡¡uf!! Bueno, mientras este buen rato de libertad, fuera del chiringuito, me seguía y se paraba para lavarse, en múltiples ocasiones; esto me sorprendió, pero podía deberse a que estaba contento. Los gatos, cuando lo están (por ejemplo, después de un buen plato) se acicalan desmesuradamente. Aproveché para hacerle más fotos y algún que otro video (que espero colgar un día de estos). Luego, volví al estudio y a él lo dejé en su habitación al aire libre y con vistas. Al caer la noche lo bajé al baño (aún sigue refrescando como para dejarlo arriba hasta la mañana siguiente) y le puse de comer comida de la “güena, güena”.

lunes, 2 de julio de 2012

Día 72. 1ª parte: Sesión de fotos.

A pesar de que ya estamos a 20 de junio, a un día de la entrada oficial del verano, el “calorcillo” típico de estas fechas brilla por su ausencia. Esto es fantástico porque me está permitiendo dejar a Cris en la azotea, en su chiringuito, durante todo el día, desde por la mañana temprano. A la vuelta del curro he aprovechado un poco para estudiar y, en uno de los descansos, he ido a darle una “vuelta” al pequeño tigre de bengala. Nada más subir la persiana de la azotea, se pone en pie y empieza a llamarme, maullando sin parar. El maullido es ahora más limpio, se nota que no está tan atascado como antes, eso me alegra. Lo he sacado del apartamento y me lo he llevado al estudio, donde le he estado haciendo fotos, sentado al piano. Todo esto era para confeccionar un cartelillo con motivo del día de la música (21 de junio). No ha costado demasiado hacerle las fotos, como si estuviera tocando el piano, porque era la primera vez que entraba en el estudio y la curiosidad felina lo tenía completamente paralizado. Eso si, cuando ha empezado a coger confianza con el entorno, se ha intentado afilar las uñas en el sofá y luego se ha metido debajo de éste. Después de este primera sesión ...

domingo, 1 de julio de 2012

Días 70 y 71. Temperatura

Cris ya se va soltando. Cuando le abro la puerta de su chiringuito, me sigue hasta el baño donde pasa la noche. La bajada a esta dependencia nocturna ha de ser una operación rápida porque como me quede parado en las escaleras, él aprovecha para cotillear por los alrededores (se asoma al estudio). Ahora sólo lo cojo en brazos para subirlo a la azotea, bueno, en realidad sólo lo agarro con una mano que le pongo por debajo de la tripa para no llenarme de pelos. Por la tarde si que lo cojo en brazos y él ejerce de bebé, ronroneando como buen gato. Estamos un ratito contemplando las nubes y luego lo vuelvo a meter en su vivak. Comparado con Verde y Azul, Cris tienen una temperatura corporal más alta, supongo que debe de ser natural en él porque no creo que aún tenga fiebre, después de tanto tiempo.

sábado, 30 de junio de 2012

Días 67, 68 y 69. Calor moderado.

Salvo la herida de la nariz (pendiente de la operación) todo lo demás está controlado. Sigo con el spray para la gengivitis, poniéndoselo a discreción. De la pequeña herida de la comisura de la boca me he olvidado un poco porque no ha ido a más y se le ha formado algo de costra, así que le estoy dejando a su aire, sin curársela, a ver que tal progresa. Creo que ya no se la rasca y eso es bueno.
Por la tarde ha estado haciendo un calor importante y para rebajar la temperatura del suelo de la azotea he regado. En dos ocasiones he aprovechado para pegarle un pequeño remojón a Cris. Así lo refresco un poco y consigo que se vaya quitando la suciedad que fue acumulando cuando estuvo en la calle. Cada vez tiene el pelo más limpio y la verdad es que no huele nada mal, es más, casi no huele.


viernes, 29 de junio de 2012

Día 66. El día de la bestia, casi.

Hoy ha tocado visita al veterinario. No lo tenía especialmente planeado pero los astros se han alineado y, por circunstancias de la vida, esta tarde tenía que ir cerca de la clínica así que he decidido acercarme a consultarle al veterinario/cirujano (a Pepe) lo que ya llevaba tiempo rondándome la cabeza. De camino a la consulta ha llorado un poco pero pronto se ha callado; Debe de sentirse extraño allí metido, porque no creo que su llanto se deba a que lo ha pasado mal en la clínica con anterioridad, porque no ha sido así en ninguna ocasión. Le he explicado al cirujano que la herida de la nariz no termina de cerrarse como debiera, le he contado que estornuda mucho y que moquea y ha decidido operarlo. Se ha vuelto a quedar sorprendido con lo bueno y manso que es. Me ha estado explicando como iba a ser la operación y me ha propuesto esterilizarlo también, aprovechando que tiene que pasar por el trance y riesgo de la anestesia (lo de la castración tengo que meditarlo bastante pero creo que será lo mejor para él). Lo ha pesado y se ha quedado gratamente sorprendido al ver que ha puesto peso. También me ha dicho que se va a quedar muy guapo cuando mude el pelo.

jueves, 28 de junio de 2012

Día 65. Un paso más.

El día ha transcurrido con normalidad. Ya por la noche, he puesto en su plato metálico algo de comida de lata (de esa para perros que tanto le gusta) y le he abierto la puerta del “apartamento” con la intención de que me siguiera. Se trataba de un experimento porque era la primera vez que lo dejaba completamente en libertad (bueno, libertad vigilada, como la que sale en las pelis americanas, aunque este gato no sea culpable de nada, claro). Ante mi asombro, me ha seguido hasta el baño, que está en la 1ª planta. Le ha costado un poco, pero gracias al socorrido “pssssssss psssssss pssssss ...” que le he susurrado y a enseñarle el plato con su comida favorita, ha llegado a su destino. Cuando bajaba por las escaleras, el bueno de Cris luchaba contra el fuerte instinto felino de la curiosidad extrema. Giraba la cabeza a uno y otro lado pero al final me miraba, dudaba y me seguía, tal vez porque así se sentía más seguro, el muchacho.

miércoles, 27 de junio de 2012

Días 61, 62, 63 y 64. Garrapatas.

La herida de la comisura de la boca, en el lado izquierdo, no se le cura porque se rasca y se va quitando la postilla, una y otra vez. La de la nariz parece, sólo parece, que se va cerrando pero hay una zona que sigue exactamente igual y no me gusta nada. Parece que la gengivitis está mejor. Y bueno, se me olvidaba, no he vuelto a encontrarle ninguna garrapata más ¡¡¡menos mal!!! Tenía muy pocas pero no lo puedo evitar, odio a las garrapatas, y mira que son seres vivos también pero ... me dan tela de coraje (bastante más que las cucarachas, si señor). Más adelante creo que le pondré algún tipo de insecticida específico, de esos anti-pulgas y garrapatas, pero por ahora, como no sale a la calle y no está en zona de riesgo, creo que voy a esperar para no liarlo más.

martes, 26 de junio de 2012

Día 60. Comida voladora.

Por circunstancias de la vida y asuntos técnicos, he tenido que descolgar por un rato el nido que puse hace muuuuuuchos años en una de las paredes de la azotea. Dentro había dos polluelos, ya bien creciditos, de gorrión. Los pequeños aventureros, sin pensárselo dos veces, se tiraron desde el nido y se pusieron a revolotear por allí. Cris, como buen felino, estaba alerta y, si no me ando rápido, casi se zampa a uno de los infantes voladores que, en su huida desenfrenada, se chocó contra la guarida del tigre. No es la primera vez que veo la reacción instintiva de un gato doméstico ya que las dos mías, y en especial Azul, se convierten en auténticas panteras cuando huelen/ven comida viva de un tamaño acorde a sus dimensiones gatunas. En el caso de Cris, era de esperar pero me pilló de sorpresa y, bueno, tuve suerte y pude salvar al avecilla. Cogí a los dos gorriones y los puse en una jaulita para pájaros hasta que pude devolverlos a su casita, en la pared.

miércoles, 20 de junio de 2012

Día 59. Mucho mejor.

Cris ya se ha hecho a la azotea (concretamente, a su chiringuito) y al cuarto de baño. Tiene totalmente controlados los cajones de arena que tiene en ambos lados y ya no ha vuelto a orinarse en su cama. Sigue durmiendo en el baño porque aún sigue refrescando por la noche y no me atrevo a dejarlo allí, sobre todo porque, con lo de la nariz, estornuda y moquea y no quiero que vaya a más. Últimamente, cuando abro la puerta del baño por la mañana temprano, para subirlo a la azotea, no lo estoy encontrando tumbado en su cama, me da en la punta de la nariz que está durmiendo en el suelo o sobre la tapa del inodoro (a ver si le busco algún cojín y lo pongo ahí para que está más cómodo).

lunes, 18 de junio de 2012

Día 58. Calorazo.

Las temperaturas están empezando a subir en la ciudad pero como Cris está recuperado de casi todo, me he aventurado a volverlo a dejar en la azotea por la mañana, hasta después de comer. Ya le ha cogido el gusto al pienso seco y entonces se lo puedo poner en la azotea, sin temor a que se estropee, como podría pasar con la comida fresca que, en este tiempo no dura a penas al aire libre.

domingo, 17 de junio de 2012

Día 57. Controlado.

Por ahora, el plan diario empieza temprano. Lo subo a la azotea, donde tiene su amplio apartamento, y le pongo su plato de comida seca. Me aseguro de que el cacharro con agua fresca lo tiene bien lleno. Cuando aprieta el calor lo bajo un rato al baño, hasta que empieza a aflojar la temperatura y, entonces, lo vuelvo a subir a su chiringuito, pero antes le pego una regada al lugar para rebajar un poco el calor acumulado. Ya, por la noche, lo devuelvo al baño e inicio el protocolo médico. Sigo con las curas de la herida de la nariz, que no ha vuelto a supurar, pero con menor frecuencia para darle tiempo a la creación del nuevo tejido. No se, no se, ... ¿se terminará de cerrar el agujero? ¡¡Uf!! es una duda que me inquieta. La gengivitis se ha reducido y ya no he vuelto a encontrar sangre en la zona ¡¡genial!! Cada vez que le hecho el antiséptico en la boca, ahí donde tiene la infección, se ve que no le hace mucha gracia porque se retira. Bueno, la verdad es que no conozco a ningún gato que se deje trastear la boca, y éste, a pesar de ser tan noble, no iba a ser menos.


jueves, 14 de junio de 2012

Días 54, 55 y 56. Comiendo seco.

La verdad es que es todo un avance poder ponerle comida seca (coquetas pequeñitas, con formas diversas, a base de verduras, carne, pescado, ...) al bueno de Cris. He estado probando con la fiera durante el fin de semana y, lejos de hacerle asco, ha estado comiendo. Para no hacerle el cambio demasiado brusco, también le he puesto, en algunos momentos del día, algo de comida fresca (la de lata que le he estado poniendo hasta ahora). También lo he hecho porque está claro que al principio no comerá mucho de lo nuevo y tampoco quiero que se me desnutra y retrocedamos en todo lo que hemos avanzado ya. La herida de la cabeza ya se curó por completo y está cubierta de pelo por completo. Las dos de las patas están curadas y en fase de crecimiento de pelo. Una de ellas, la que era más grande, ya a penas se ve. Lo importante es que ya no le duelen.

Día 53. Refrescando.

Respecto a la reciente movida de Cris y su moflete derecho, creo que ya está la cosa controlada. Esta mañana me esperaba para el desayuno con los dos ojos bien abiertos y maullando. Le he puesto algo de comida fresca pero no se la ha comido toda, la verdad es que ha comido poco. Bueno, no me preocupa de momento esto porque a otras horas del día está comiendo bien, a pesar de la molestia que debe de tener en la boca, por culpa de la gengivitis.

miércoles, 6 de junio de 2012

Día 52. Normal, dentro de lo que cabe.

La mañana ha transcurrido en el baño para el bueno de Cris, porque sigo sin fiarme de dejarlo hasta después de comer en la azotea, ya que empieza a hacer bastante calor a partir de las 12:00. Confiado de que no se tocaría la herida de la boca, lo he dejado sin el collar isabelino. Por la tarde, le he pegado un buen regado a la azotea y lo he subido con algo de comida fresca (esa para perros que tanto le gusta. Espero que no se me convierta en uno de ellos, sería toda una decepción, aunque marcase un hito importante en la historia de la evolución animal). Antes de irme a la cama, lo he bajado a su baño para curarlo. Me he puesto la ropa de tarea, me he sentado en el báter y lo he cogido en brazos, para arroparlo un ratito, como se hace con los bebés, ya que el pobrecillo estaba faltito de cariño. Después de un largo, profundo y agradecido ronroneo, me he puesto con la tarea de enfermería. En la encía que tiene mala, con gengivitis, he encontrado algo de sangre, supongo que será normal, en este caso. A duras penas se la he limpiado con un bastoncillo y algo de papel higiénico, porque estaba un poco molesto y, la verdad, no le gusta mucho que le trastee la boca y ande abriéndosela. La verdad es que, con esos colmillos que tiene, da un poco de yuyu andarse con bromas, sobre todo cuando empieza a mover el rabo (primer aviso).

Día 51. De fiesta.

Y como es preceptivo en un día festivo, me he levantado un pelín tarde. Cris ha pasado la noche en el baño (para los que se incorporan ahora al blog, no es que haya estado indispuesto toda la noche, sino que el baño es una de las dos dependencias que ocupa el pequeño tigre, alternándola con la azotea). Antes de desayunar, lo he subido a su ático particular, le he puesto algo de comida fresca y se ha quedado allí disfrutando del aire fresco de la mañana. Al mediodía, cuando ha empezado a apretar el calor, lo he devuelto al baño y le he apagado la luz para que descansara un rato. Ya por la tarde, en torno a las 20:00, le he pegado una buena regada a la azotea para refrescarla y luego he vuelto a subir a la fierecilla peluda a su chiringuito. Allí ha estado hasta tarde, entonces lo he vuelto a transportar al baño, para las reparaciones pertinentes (limpieza de herida de hocico y boca, puesta de colirio en ojo y herida nasal, puesta de Betanide en la herida de la boca y puesta de antiséptico en la encía derecha). Después de las curas, otra vez el collar isabelino y ¡¡a dormir!! que mañana será otro día.

domingo, 3 de junio de 2012

Día 50. Parece que mejor.

Esta mañana, al encender la luz del baño y abrir la puerta, me lo he encontrado subido en el borde de la bañera. Nada más verme ha empezado a maullar porque estaba hambriento, entonces le he quitado el “gorro” (collar isabelino), le he puesto media lata de comida para perros (unos 150g) y me he ido a desayunar mientras que se la comía. Antes de marcharme al trabajo he vuelto a asomarme y no se lo había comido todo. Le he retirado el plato y le he vuelto a colocar el “gorro” porque no me fío de él y estoy seguro de que va a volverse a rascar la herida de la boca.
Me preocupa el agujero de nariz, no las tengo todas conmigo y me da por pensar que quizás necesitara algo de cirugía reconstructiva para recomponerle la fosa nasal y que pueda respirar bien. Tal vez espere unos días a ver como evoluciona y va recuperándose la herida, y entonces ya veré si es cuestión de proponérselo al cirujano veterinario.

Día 49. En reserva.

Hasta que no se le termine de bajar la inflamación del moflete derecho que, por cierto, esta mañana estaba bastante más reducida, no me fío de dejarlo en la azotea. Le he quitado el collar isabelino, le he puesto algo de comida y lo he dejado en el baño, con la luz encendida. Por la tarde, de vuelta a casa, he parado en el super para comprarle 8 latas de comida para perro (esa que probó el otro día y le gustó tanto) y le he puesto una que se ha zampado sin contemplación. Como la tarde estaba relativamente fresca, he regado la azotea y lo he subido allí hasta la noche. Luego lo he devuelto al baño, lo he curado y ¡¡eah!! a dormir, que mañana será otro día.

jueves, 31 de mayo de 2012

Días 47 y 48. 2ª Parte: Continuamos para bingo.

... del Parque, subí a ver como estaba Cris y me lo encontré con la nariz manchada de sangre fresca y además se estaba rascando. Al principio me asusté porque pensé que se había abierto la herida de un zarpaso pero luego caí en la cuenta de que esa sangre le había salido después de abrirle el drenaje. Se notaba menos inflamado el moflete y eso me alivió un poco. Lo cogí en brazos y me lo llevé a su segunda guarida, el baño. Volví a limpiarle el agujero y a ponerle colirio. Aproveché para ponerle algo de comida de lata, interrumpiendo sine die el experimento de la comida seca (que me había recomendado la veterinaria y que, por cierto, me vendría de miedo, tanto por logística como por economía doméstica).


Lo dejé en el baño hasta por la tarde, cuando dejó de hacer calor y pude volverlo a subir a la azotea. Al caer la noche lo bajé al baño de nuevo (vaya traquín ¿no?), le limpié la herida de la nariz y la de la boca, también le puse el antiséptico para la gengivitis, y le puse algo de betadine en la herida de la boca. Después le puse el collar isabelino para evitar que se rascara por la noche ya que se había estado tocando con la pata y se había hecho la herida más grande, pero antes le he dado un buen jeringazo de agua para evitar que tenga sed a media noche, porque con el collar no puede beber bien (la verdad es que no se si puede o no pero, bueno, por si acaso).

Días 47 y 48. 1ª Parte: Houston, tenemos un ...

Pues eso, un problema. Todo pintaba bien, Cris iba por buen camino, como se suele decir en el argot de los enfermeros gatunos aficionados, pero resulta que, después de haber disfrutado de un sábado estupendo entre la azotea y el baño (sus dos pequeñas reservas naturales), la mañana del sábado amaneció con una gran inflamación en el moflete derecho y, consecuentemente, el ojo de ese lado casi cerrado.


Esa noche la había pasado en el baño pero seguramente pudiera deberse a algún cambio de temperatura, a haber pasado más calor de la cuenta o a que la herida interna de la nariz se haya obstruido y tenga acumulada algo de pus. En fin, el caso es que me agobié bastante. Me puse manos a la obra y le estuve limpiando con agua oxigenada para intentar abrir algo la herida y que drenara, por si esto pudiera ser necesario. Cada vez que le tocaba el moflete se quejaba de dolor y eso me hizo pensar que posiblemente se tratara de un acceso de pus. Después, con la ayuda de un cepillo interdental, abrí paso en la herida con la intención de que pudiera salir algo de pus. Volví a limpiarle con agua oxigenada y le puse colirio allí y en el ojo derecho, bastante inflamado por dentro en la zona del lagrimal. La mañana estaba relativamente fresca, así que lo subí a su chiringuito, al aire libre. Le puse algo de comida y me fui a dar un paseo, en esa mañana de domingo ideal para montar en bicicleta. A la vuelta ...

miércoles, 30 de mayo de 2012

Día 46. Sombreando



Esta mañana, bien temprano y antes de ir a trabajar, he colocado dos sombrillas sobre el apartamento de Cris, para que le diera sombra durante el mediodía y resto de la tarde, que es cuando el sol pega fuerte allí arriba. Luego he subido al pequeño puma a su chiriguito y le he puesto una lata entera de albóndigas en salsa para gatos (todo un festín gatuno).


viernes, 25 de mayo de 2012

Día 45. 3ª Parte: Ya en casa.

De vuelta ya, hice una paradita en el super para reponer el avituallamiento felino. Compré muchas latas de albóndigas, de cuatro sabores distintos, y una tarrina de 300g de paté para perros, sí, si, para perros, más barata que las de paté para gatos, a ver que tal, a ver si se la comía el fiera. Al llegar a casa, lo primero que hice fue regar la azotea para refrescarla un poco y luego solté al tigre en su apartamento. Después le fregué el plato y le puse la mitad de la nueva tarrina y se puso a comérsela sin dudarlo ni un segundo ¡¡bien!! prueba conseguida (aceptamos comida de perro como comida para tigrecitos). Me fui a nadar un rato y a la vuelta de la piscina, después de cenar, lo bajé al baño para que pasara la noche allí, eso sí, con la segunda mitad de la tarrina recién estrenada.


Día 45. 2ª Parte: Aún en la consulta.

... me mandó un spray para que se lo ponga en semanas alternativas, a discreción, según vaya viendo como evoluciona la zona, ahora un tanto enrojecida. También se lo puedo poner en la pequeña herida que le ha aparecido en la comisura izquierda. MM me ha dicho que deje de limpiarle con agua oxigenada la herida porque no es bueno abusar de ella ya que quema los tejidos (al final hice bien haciendo parones aleatorios en la cura de la herida, tal vez gracias a eso ha mejorado más rápido), me dijo que le limpie el agujero con agua esterilizada y le siga poniendo el colirio. Ya, al final, me dijo que de volver a la consulta, a no ser que empeorara la gengivitis, lo podía hacer a la vuelta de un mes; después de esto le dije que si quería adoptarlo pero no hubo suerte, además me contó que, al tratarse de la sede de la Protectora de animales, no le faltaban ofertas, normal. También le hablé de la existencia de este blog de “aventuras” y de que ella aparecía en él, como no podía ser menos, claro, dado su papel de actriz secundaria (¿o principal? Bueno, no se).

Día 45. 1ª Parte: De vuelta a consulta.

No me he preocupado por lo que le iba a poner de desayuno al bueno de Cris porque tenía muy claro que en la visita a la clínica de hoy no lo iban a operar para cerrarle la herida, sobre todo porque la herida ha ido cerrándose más rápido en la última semana. En esta ocasión, nos ha acompañado Pufi, un perrito muy simpático, y su dueña (muy simpática también, ja ja ja ...), porque también tenían que ir al veterinario y bueno, pues hemos aprovechado bien el viaje, charlando de cosas de bichos y demás. La consulta de hoy ha sido a cargo de MM, la veterinaria que lo vio la primera vez. Se ha quedado francamente sorprendida, sobre todo por el hecho de que ha puesto peso (ahora ya tiene 4,350 kg y partía de los escasos 3 kg con los que me lo encontré); recuerdo que ella no las tenía todas consigo cuando lo examinó hace 45 días; pensó que podía tener algún tipo de virus, causante de su extrema delgadez (se le marcaban las vertebras). MM estuvo observando con detenimiento la herida del hocico y me explicó que la herida terminará cerrándose aunque el orificio nasal derecho le quede un tanto atrofiado y, claro está, no le permita respirar al 100% (cuando se resfríe lo notará más pero, bueno, con más de 10 años que tienen mis dos gatas, Azul y Verde, no las he visto resfriadas nunca, será porque se toman todas las mañanas un buen vaso de zumo de naranja ¿no?, ja ja ja ... que no, que es broma, que a los gatos no les gustan los cítricos). Le echó un vistazo a la mandíbula y me preguntó como comía, le dije que como una auténtica bestia (quizás exageré un poco pero la verdad es que come bastante más que al principio); vio que tenía algo de gengivitis en el lado derecho, en la parte superior y ...

Días 42, 43 y 44. Mucho mejor, gracias.

Cris ya ha superado los 4,3kg ; parece mentira después de haberlo visto, literalmente, en los huesos. Paralelamente a este aumento de peso se ha producido una mejoría notable del ojo derecho, ya prácticamente curado, aunque cada día le siga poniendo sus 2 gotitas de colirio, una por la mañana y otra por la noche. Respecto a la pequeña herida de la comisura de la boca, he optado por limpiársela con agua oxigenada y dejarla en manos del libre albedrío, es decir, que se la toque cuando él guste, por eso ya no le he vuelto a poner el collar isabelino (así es mejor porque puede lamerse bien y, sobre todo, beber agua por su cuenta).

jueves, 24 de mayo de 2012

Días 40 y 41. Asombroso.

Tras la oleada de calor veraniego, las temperaturas han bajado y se podría decir que ahora están en su línea, a tono con la primavera sevillana. Así, como ahora no hay riesgo de que Cris se tueste en la azotea, ha estado en su ático durante todo el día y luego, por la noche, lo he bajado al baño para que no pasara frío. La herida del hocico ha mejorado notablemente en los últimos días, cerrándose un poco más. A pesar de mis dudas (sin fundamento científico alguno, por cierto), vuelve a cumplirse el buen presagio del veterinario ¡¡Bien!!. En la parte de la herida que queda por cerrarse puede verse, aún, algo de hueso pero, desde hace unos días, ha empezado a aparecer algo de tejido carnoso, así que este fin de semana, y bajo mi responsabilidad, he decidido saltarme alguna de las curas para no destruir con el agua oxigenada el nuevo tejido; creo que ha surtido efecto.


En la boca, concretamente junto a la comisura izquierda, le salió hace unos días una pequeña herida que se ha estado rascando con la pata y, lógicamente, se la ha empeorado un poco, así que anoche, después de curarle ésta y la herida del hocico, le volví a poner el collar isabelino para evitar que se volviera a rascar, al menos por la noche.


lunes, 21 de mayo de 2012

Días 38 y 39. Lustroso

Cris empieza a ser ya todo un señor Don gato, con el peso que ha puesto hasta la fecha. Espero que no llegue a convertirse en un tigre, al menos hasta que alguien lo adopte, y en una de éstas me devore enterito. Las heridas de las dos patas están bastante mejor, casi curadas por completo (la de la muñeca izquierda casi no se ve ya); supongo que el hecho de que ahora puede lamerse a conciencia está ayudando.

Día 37. Pelito.

La herida de la cabeza casi no se ve ya; aparte de que ya casi no se ve la cicatriz, la tiene mucho más cubierta de pelo. Es curioso ver como, en los pelos nuevos, vuelven a reproducirse los dibujos que ya estaban allí antes del afeitado (rayas oscuras longitudinales que van desde el ojo hacia la parte de atrás de su cabeza.). Como cada noche después de la última visita al veterinario, le he curado la herida de la nariz con abundante agua oxigenada y he podido comprobar que no tenía pus y que, aparentemente, está más cerrada; ojalá vaya cerrando bien, como el veterinario sospecha, y le quede operativo el orificio nasal derecho, aunque lamentablemente le quede la nariz un poco rarilla, como si se tratara de la de un gato boxeador.

domingo, 20 de mayo de 2012

Días 35 y 36. Toda la noche fuera.

Sigue haciendo mucho calor, demasiado para esta época del año, aún estamos a mayo. Como ya tiene casi curadas las dos heridas de las muñecas delanteras, he decidido no ponerle más Betadine y ya no hace falta ponerle el collar isabelino por las noches, vamos, que se puede olvidar ya de él (debe de estar encantado porque ahora podrá lamerse a todas horas, todo un placer felino).


Durante la noche, como la temperatura está rondando los veintitantos grados, se puede estar bien en la azotea, así que he empezado a subir a Cris a su ático, justo después de la cena, para que pase allí toda la noche, hasta la hora del desayuno. En la primera ocasión me costó dejarlo allí pero, bueno, no se trata de un gato cualquiera, es Cris, todo un superviviente que viene de la calle, de haber vivido a la intemperie y está acostumbrado y, bueno, allí arriba estoy seguro de que está mucho mejor que encerrado en el baño y, en el fondo lo se por experiencia, dormir “fresquito” y coger el sueño contando estrellas es toda una gozada. Por la mañana, cuando he subido a por él para bajarlo al baño, siempre me lo he encontrado dormido en su litera y, nada más oirme abrir la puerta de la azotea, se levanta rápidamente y aprovecha para desperezarse, maullando suavemente como si me diera los “buenos días”.


Días 33 y 34. Mucho calor.

Este año se ha adelantado el verano como suele ocurrir por estas tierras del sur y, por supuesto, Cris lo ha notado, ahora tiene algo menos de apetito pero come, sigue comiendo bien, que es lo más importante. Ciertamente no se si este será su primer verano porque, la verdad, no se que edad tiene (supongo que alrededor de uno o dos años), pero de cualquier forma, no es una buena época para estos pequeños peludos (para los que no lo sepan, tienen una importante densidad de pelo, dispuesto en distintas capas). A lo largo del fin de semana le he ido quitando el collar isabelino en contadas ocasiones y siempre durante cortos espacios de tiempo y no ha pasado nada, la herida de la nariz ha seguido igual porque no se puede tocar ahí con la pata, aunque se lave la cara con ella; Eso es fantástico, así que he decidido quitárselo ya durante todo el día. Aún se lo dejo por la noche porque no quiero que se lama las heridas de las dos patas después de haberle puesto Betadine.


Como el calor ha sido asfixiante durante el día, lo he subido a la azotea sólo por la mañana y al caer la tarde, y le he añadido al mobiliario del ático un plato grande con agua.

jueves, 17 de mayo de 2012

Día 32. Libre.

Bueno, se me olvidó comentaros que el veterinario me dijo que, dado el estado de las heridas, ya le podía quitar el collar isabelino al paciente. Según me explicó, eso es bueno para que se pueda lamer y que estar mucho tiempo con el collar puede perjudicarles (la verdad, no me enteré muy bien de cuales eran los motivos exactos). Aún no se lo he quitado porque no me atrevo a dejarlo sólo sin el collar porque me da miedo de que vaya a rascarse la herida de la nariz con la pata y estropee todo lo conseguido, así que, como ya es viernes, esperaré al fin de semana que tengo más tiempo para estar con él y puedo controlarlo mejor.

Día 31. 2ª parte: En el veterinario, como en casa.

Esta vez se ha portado fenomenalmente en el coche y no ha llorado, debe de haberse acostumbrado ya y además, como las últimas veces que ha estado allí no le han hecho ninguna “barbaridad” pues ... A pesar del tremendo calor que hacía en la calle y mis esperanzas de encontrar la clínica vacía, la sala de espera estaba llena de pacientes con sus respectivos dueños (en algunos casos, incluso dos por paciente, toda una trupe). Enfrente mía había una gatita que esperaba para ser vacunada; Su dueña me estuvo contando que ésta era la tercera que tenía, ya que con los anteriores no había tenido demasiada suerte. Al rato, después de que ellas entraran, nos tocó a nosotros. Pepe, el cirujano, pesó a Cris, comprobando satisfecho que ya estaba en los 3,8kg. Me estuvo preguntando como comía, como orinaba y como hacía la caca, etc. Estuvo examinando la herida a conciencia, mientras que yo le iba contando como lo había estado curando durante este último periodo de tiempo entre visita y visita; le conté también que en los últimos días le había encontrado algo de pus en el orificio de la herida. Después de todo esto me dio las nuevas pautas de tratamiento (colirio en el ojo “defectuoso” dos veces al día, agua oxigenada y colirio en la herida del hocico una vez al día) y me citó para dentro de quince días. Le pregunté cuándo podría coserle lo que quedaba de agujero pero me dijo que tal vez no hiciera falta. Lejos de salir decepcionado de la consulta porque la cosa volvía a alargarse, me fui de allí contento por el trato recibido, por sentir la implicación del cirujano y porque me despidió con esta frase: “... y si ves que algo no va bien o que empeora, te lo traes por aquí, que ésta es tu casa”.
A la vuelta, pasé por casa de una de las admiradoras de Cris para que ella y sus dos “peques” saludaran al “peluche”. Cris, lejos de asustarse por la presencia de la perrita que también vive allí y a la que le gusta correr detrás de los gatos, se mostró de lo más confiado y se dejó acariciar por toda la familia, dejando constancia de su peculiar nobleza.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Día 31. 1ª parte: Bon appetit

Hoy tocaba veterinario pero como no las tenía todas conmigo acerca de la operación del “muchacho”, de desayuno le puse algo de paté para gatos (esas latitas para bebés gatunos que puedes encontrar en el super a muy buen precio). Fueron casi 200g de comida fácil de masticar y de bastante buen sabor, sospecho por las ganas con las que se los zampó, a pesar de que estaba un pelín dormido aún. Decidí dejarlo en el baño porque para este día se esperaban temperaturas por encima de los 30º, en Sevilla, y no me fiaba de que se me fuera a deshidratar en la azotea, a pesar de que allí tiene algo de sombra para resguardarse. Para almorzar (suena como si se tratará de un gato marajá de la India ¿no?) le puse media lata de albóndigas y, mientras que daba buena cuenta de ellas, aproveché para prepararme mi comida, hambriento perdido.
Después de la siesta tiramos para el veterinario pero antes le estuve limpiando y curando las heridas.

sábado, 12 de mayo de 2012

Día 30. Relax.

Anoche, mientras Cris cenaba y yo estaba sentado en el baño, pendiente de que no se tocara con la pata en la herida, tuve otro momento de meditación y relax. Allí, delante de aquel gato contento y agradecido, me preguntaba por todos aquellos animales que afortunadamente tienen una buena vida, por los que pasan de una vida desastrosa a otra más placentera y también por los que no tienen tanta suerte. Me pregunté también porque a ciertos animales les damos oportunidades que otros ni siquiera sospechan. En fín, son ratitos de meditación que, gracias a Cris, estoy disfrutando últimamente. Todo un mes, ya, cargado de emociones, experiencias, apoyo y mucha energía positiva fluyendo en el ambiente, gran parte de ella proveniente de todos los que me estáis ayudando a buscarle familia adoptiva a Cris ¡Muchas gracias!.

Día 29. Recuperando.

Dado el mal rato de ayer, he recurrido, en una de las comidas a los potitos, que le gustan mucho y no le cuesta trabajo comérselos. También le he dado comida de la super-proteínica, alternándola con albóndigas para gatos. También he vuelto a ponerle colirio en el ojo “chungo” a ver si se mejora un poco o, al menos, no va a peor. Hoy sólo ha estado por la tarde en su apartamento de la azotea. En la toma de la noche ya estaba bastante más animado y con el ojo mejor. Casi se ha zampado 200g de paté para gatos (especial para gatitos).

viernes, 11 de mayo de 2012

Día 28. Larga jornada.

Por la mañana, después de darle el desayuno, he subido a Cris a la azotea porque las lluvias ya han quedado atrás y no parecía que fuese a ponerse mal el día. A la vuelta a casa, alrededor de las 18:00, me he encontrado a Cris un poco raro y con el ojo derecho lleno de lágrimas. No estoy seguro pero creo que tanto tiempo en la azotea no le ha sentado bien, tal vez por la falta de costumbre. Lo he bajado a “su cuarto de baño” y le he puesto de comer pero no demostraba demasiado interés y me ha preocupado que haya podido empeorar por mi culpa. Le he estado limpiando las heridas y ya lo he dejado allí, descansando.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Día 25. Curada

Pues eso, que ya se puede decir que la herida de la cabeza, la que tiene en la base del cráneo, está completamente curada. Ahora lo que toca es que le vaya creciendo el pelo en esa zona y ya está. Sigo alucinado por lo bien que cicatrizan las heridas de los gatos, esos felinos de siete vidas. Por otro lado, y siguiendo con las buenas noticias, parece que Cris ya le ha cogido el punto al cajón de la arena, con lo que hace casi todo allí, al menos toda la caca, porque alguna vez se despista y se orina en la cama, suerte que sigo poniéndole las maravillosas sabanitas absorbentes (todo un invento).

Días 26 y 27. Nuevos descubrimientos.

Durante el fin de semana estoy más relajado y puedo dedicarle más tiempo, si cabe, a Cris. En una de las sesiones de cura y limpieza decidí limpiarle con un paño húmedo las patas delanteras no me gustaría que, en el caso de conseguirlo, se tocara con ellas alguna herida, al tenerlas tan sucias. Al tocarle la pata izquierda se que quejó y entonces descubrí que tenía una herida, oculta bajo el pelaje. Era una herida pequeña y un poco infectada.


Quité algún pelo muerto y limpié la zona con agua oxigenada, mientras Cris se quejaba leve y pacientemente. Después le puse algo de Betadine. Al día siguiente encontré, ahora en la pata derecha (tambien delantera) otra herida parecida pero más grande y en peor estado, con la carne de alrededor un poco necrosada (no soy entendido, claro está, pero tenía toda la pinta de ello). La limpié bien y esta vez si que se quejó más, debía ser porque al estar más infectada le dolía mucho más. De cualquier forma, se portó como un auténtico valiente y me dejó, incluso, que le trasteara la costra para poder eliminar parte de la zona infectada.


Día 24: Devorador.

Esta mañana se ha bebido, literalmente hablando, un bote de papilla para bebés, de 250ml. Ya está más animado e incluso recién “levantado” se atreve con lo que le echen aunque, por cuestiones de tiempo, me interesa más darle el potito porque se lo come antes y no llego tarde al trabajo. Como por la mañana no me he atrevido a dejarlo en la azotea por la amenaza de lluvia, por la tarde, después de darle de comer y curarlo (se ha zampado más de media lata de albondiguitas, marca ACME), lo he subido a su “ático” y allí ha estado hasta que he vuelto de la piscina, ya de noche. Estaba perfectamente allí arriba, muy a gustito sobre una sabana absorbente, acostado en una de las bandejas del taburete que tiene dentro de su apartamento.

Día 22. Disfrutando del día.

Después de desayunar y ser curado, Cris se ha subido a su pisito de soltero, bueno, bueno, ... lo he subido yo. Es divertido como, desde mis brazos, va observándolo todo, girando la cabeza a un lado y al otro, intentando que no se le escape ningún detalle de esos lugares de mi casa que aún no conoce, como buen gato curioso. Ha estado toda la mañana en la azotea y ha tenido mucha suerte porque el día, a pesar de haber amanecido algo nublado, ha estado soleado con alguna gotilla despistada.


viernes, 4 de mayo de 2012

Día 21. Mejorando.

Esta mañana, al darle de desayunar, he comprobado que la herida del hocico está bastante más cerrada. Es sorprendente ver como todo el moflete, que hace 20 días estaba totalmente desprendido por culpa de un enorme corte, ahora está volviendo a su sitio; cada día que pasa alucino más, ya que se hace patente para mi la leyenda de que los gatos tienen siete vidas. Bueno, se me olvidaba, la herida de la cabeza está casi curada ya, apenas queda un resquicio de lo que fue.

Día 20: Ático con vistas.


A pesar de ser domingo, me he levantado relativamente temprano. Después del desayuno, le he dado de comer a Cris y luego le limpiado la herida, como ya es habitual. Ha estado lloviendo por la noche y no se como estará la azotea para continuar con la tarea de construcción del habitáculo para el pequeño felino. El suelo estaba seco así que me he puesto manos a la obra, dejando puesta toda la malla al mediodía, buena hora para la inauguración, a pesar de que estaban cayendo algunas gotitas. He cogido a Cris y lo he llevado a su “apartamento”, un ático con vistas, ideal para un gato soltero y tan atractivo como él. En un primer momento, ante la novedad y el cambio de temperatura, se ha quedado un tanto parado e incluso ha estado maullando un rato pero creo que éste puede ser un buen desahogo para él, evitando así, que pase tantas horas encerrado en el cuarto de baño que le he asignado.


Lo he dejado allí durante unas dos horas, después lo he vuelto a llevar al baño. Por la tarde lo he vuelto a subir a la azotea porque no parecía que fuese a llover. Luego, ya en torno a las 21:00 lo he vuelto a bajar al baño, lo he pesado (ya está en 3,6kg) le he dado de cenar y a dormir (él, claro, porque yo me he puesto a ver una peli).

Día 19: Pintando.

Está comprobado ya que por las mañanas Cris no tiene tanta hambre que en el almuerzo y la cena, así que por eso le pongo comida de la más palatable, que le gusta más y le cuesta menos masticarla. Antes de almorzar, he estado un rato dedicado a la estructura de la caseta que le estoy haciendo a Cris. He colocado la puerta, con las bisagras que he comprado por la mañana, y he pintado toda la estructura de madera, junto con los bordes de la puerta, para evitar que se estropee con la inevitable lluvia en estos meses de primavera.

Día 18: Relax.

Cada vez que come, como no le dejo comida en el plato durante el día, se atolondra y, aunque no muere en el intento, acaba satisfecho y un poco agotado. Es entonces cuando respira hondo, me mira y vuelve a mirar al plato, creo que seguiría comiendo pero su instinto felino le dice que es hora de descansar. Lo cojo y lo siento sobre mis rodillas, le doy agua con la jeringa y las vitaminas (éstas sólo por la mañana, para evitar actividad extra indeseada por la noche), le limpio el hocico con un paño húmedo y luego, con agua esterilizada, le limpio la herida del hocico y el ojo derecho que, por cierto, no termina de estar al 100%. Después le pongo algo de colirio en la herida y en el ojo “chungo”. Mientras que estoy haciendo todo esto, él está super relajado y yo aprovecho para acariciarle el lomo y masajearle cabeza, orejas y mofletes. Casi siempre me lo agradece con su peculiar ruido de motor al ralentí, un profundo ronroneo de placer.


Día 17. Ya no es lo que era.

Esta mañana le he puesto una lata entera de la super-comida, como ayer, pero se la ha dejado a la mitad, debe de ser porque anoche cenó tarde y aún no estaba lo suficientemente salvaje como para comérsela entera. Le he estado limpiado la herida de la nariz y me he quedado sorprendido de como se le está cerrando el agujero, es increíble la cicatrización tan rápida de la heridas, supongo que, aparte de la naturaleza felina tan excepcional, debe de estar influyendo el aporte de antibióticos, vitaminas, etc ¡¡bien, bien, bien, ...!!

Día 16. Seco.

Por la mañana le he puesto de comer la lata de comida super-hiper-mega-proteínica y se la ha zampado en menos que canta un gallo. Al mediodía, bueno, más bien sobre las 18:00, le he puesto otra lata de comida, pero esta vez de las estándar, que también le gustan, aunque tarda más en comérselas por los tropezones. Me ha extrañado encontrar la cama seca y he mirado en el cajón; por lo visto ha estado orinando allí ¡¡bien!! Esto es un avance, lástima que tengo una bolsa de sabanitas absorbentes recién comprada (en fín, ya tendrán su uso). Por la noche, después de darme una vueltecita por la Feria de Sevilla y tomar unas copitas de rebujito con los amigos, me volví para casa. Nada más llegar, Cris, que conserva el oido perfectamente, me oyó y empezó a “llamarme”. La verdad es que cuando se pone a maullar desesperado parece un bebé y da un pelín de pena, pobrecillo. Dada la hora y mi cansancio, cogí uno de los botes de potito y empecé a dárselo con la jeringa grande. Cual fue mi sorpresa cuando comprobé que estaba chupando la jeringa y parecía que pedía más, entonces saqué la papilla del bote y se la puse en el plato, se la bebió ¡¡Bien!! Vamos avanzando.


Día 15. Y no se olviden de supervitaminarse, hipermineralizarse, ...

Pues eso, siguiendo la consigna de Super ratón, le he puesto una lata de esa magnífica comida para revivir a las bestias y se la ha bebido en menos de 10 minutos ¡¡qué fiera!! Luego le he limpiado las herida de la nariz (la de la cabeza ya no, porque me dijo el cirujano que me olvidara de ella ya que estaba muy bien), le he dado las vitaminas y puesto el colirio, tanto en el ojo como en el orificio nasal.

Día 14. 3ª parte: En obras.

Después de la consulta he ido a una de esas maravillosas superficies comerciales dedicadas al bricolaje para comprar la malla gallinera que me hace falta para el apartamento de Cris. De vuelta en casa y aprovechando que el gatito estaba dentro del transportín, le di una pasada de fregona desinfectante a la “habitación” de mi inquilino y, mientras que se secaba el suelo, me fui a seguir con la construcción del habitáculo. Estuve liado hasta que se fue la luz del sol y después le puse de comer al pequeño felino, que estaba ya que se subía por las paredes y muerto de hambre porque seguía en ayunas (me hubiera venido bien una mano externa o duplicarme).  Le puse una lata de paté de pescado (para gatos, claro) y se lanzó sobre ella, literalmente. Como no puede masticar bien, aún, tengo que ayudarle amontonándole los restos de comida para que los muerda mejor. Al final se zampó la lata entera y hubiera seguido pero el cuerpo no me daba para más, ya no podía esperar a que se comiera otra y además así, si se quedaba con un poquito de hambre, al día siguiente se zamparía la lata supervitamínica sin contemplación alguna.

Día 14. 2ª parte: Mejor pero ...

Camino del veterinario, Cris se ha hecho caca en el transportín. He tenido que parar el coche y limpiarlo porque el olor no era muy agradable que digamos y además no parecía buena idea que llegase todo manchado a la consulta. Una vez allí, en la sala de espera, he conocido a una pareja peculiar, una gatita de tres colores y a su dueño, que la llamaba “reina mora” a la par que esta se tumbaba sobre su nuca, todo un espectáculo. Por lo visto, la gatita tenía algo en una pata que le provocaba dolor y no la dejaba andar bien, espero que no sea nada y se mejore pronto por ella y por el dueño, bastante preocupado, por cierto. Bueno, hoy tampoco ha habido suerte, el cirujano quiere que, antes de operar para cerrar la herida, la mandíbula haya vuelto a su lugar y la infección haya desaparecido por completo. Me ha preguntado por las curas y después de contarle como lo estoy haciendo (siguiendo al pie de la letra sus indicaciones, claro) me ha dicho que como siga así le voy a quitar el trabajo (no, si al final, después de ésta y de las anteriores con Azul y Verde, termino de enfermero gatuno). Me ha dicho que siga 5 días más con los antibióticos y el colirio, que siga dándole la alimentación supernutritiva y que vuelva pasados unos 10 días ¡¡ostras!! Decepción total. He de confesar que en ese momento me he preguntado cómo me he podido meter en este lío, pero bueno, teníais que haber visto a Cris el día que lo encontré, no se merecía que lo dejara allí tirado.

Día 14. 1ª parte: Potito a pesar del hambre.

Esta tarde toca veterinario así que, ante la posibilidad de operación, he optado por darle de desayuno, algo más liviano como potito verduras y carne, así también ha sido más rápido (ya que se lo he dado con la jeringota. Se ha zampado, apenas sin respirar, todo el tarro; está hecho una auténtica “bestia”, desde que ha empezado a cogerle el gusto a eso del tragar. Después limpieza de heridas, toma del antibiótico y colirio, etc.